mayo 19, 2016

La Alegría de Ofrendar

Basado en Levítico 23:9-16 y Deuteronomio 16.9-12

En la fiesta de pentecostés los caminos a Jerusalén se llenaban de peregrinos que con sus bolsas y mochilas llegaban de muy lejos con sus ofrendas para presentarlas en el templo. Los israelitas lo hacían con alegría ye n señal de agradecimiento a Dios por las cosechas. Las ofrendas las presentaban ante el sacerdote que ofrecía sacrificios a Dios para bendecir a los peregrinos. Todos tenían algo que ofrendar, por eso llegaban con canastos de frutos panes y animales. A esta celebración se le conoce como la fiesta de pentecostés porque se hacía cincuenta días después de la pascua. En el antiguo testamento también se le dan otros nombres como fiesta de las semanas, porque se celebraba siete semanas después de la pascua; fiesta de la cosecha, porque se hacía después de esta; y fiesta de las primicias, porque en esa fecha se ofrecían los primeros panes del nuevo trigo; o sea los primeros frutos que se cosechaban, lo mejor de la siembra. El propósito de esta fiesta era agradecer a Dios por los frutos cosechados. Durante el año, ellos sembraban y cultivaban la tierra, cuidaban y alimentaban sus animales, para ofrecer lo mejor de sus animales y primicias a Dios, en el tiempo señalado.
Los judíos hoy en día realizan esta celebración, donde preparan sus platos típicos los cuales son generalmente productos derivados de la leche y de la miel. La participación de los niños es significativa, presentan las ofrendas adornadas con guirnaldas de flores y hojas, y llevan canastillos con sus primicias para entregarlas a los siervos de Dios.

La fiesta de pentecostés tiene otro enfoque para la iglesia, porque se celebra como aniversario de la venida del Espíritu Santo. Después de la ascensión de Jesús al cielo, durante la celebración del pentecostés en Jerusalén, los discípulos recibieron al Espíritu Santo, dando origen a la primera iglesia de Jesucristo, que luego se extendió hacia otros lugares y países incluyendo el nuestro.

Hoy en día aun en nuestras iglesias vemos que hay momentos para ofrendar y es una linda oportunidad para enseñar a nuestros hijos este concepto, sin embargo, no es la uncia instancia, pues nuestra vida completa debe ser una ofrenda a Dios, cada día en todo lo que hacemos debemos entregarle lo mejor, tanto en nuestro diario vivir como también en aquellos talentos y habilidades que el Señor nos ha dado para servirle, cada cosa que hacemos debemos hacerla con la mejor disposición y como viéndolo a El, pues todo bien que tengamos en nuestra vida solo es porque Dios es bueno y porque nos ha mirado con misericordia.

"Cada uno de cómo propuso en su corazón porque Dios ama al dador alegre" 2 corintios 9:7

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